STOP MOTION

Gabriel González Guirola

Figura de una representación artística de un ser con cuerpo de mujer y alas de ave con plumas rojas y negras, en un fondo con motivos vegetales.

Durante su residencia artística, el cineasta, músico y animador Gabriel González Guirola se sumergió en un proceso de exploración y escritura creativa para dar forma a sus próximos proyectos animados, culminando el guión de su cortometraje Libérate. Acompañado por su hijo Milán, esta etapa se convirtió en un espacio de experimentación donde la imaginación y la técnica buscaron nuevas narrativas cinematográficas.

Como parte fundamental de su residencia, Gabriel abrió un espacio de intercambio y aprendizaje, compartiendo no solo su experiencia, sino también su pasión por la animación cuadro por cuadro a través de laboratorios prácticos y clínicas especializadas. Además de ser un laboratorio de creación, esta residencia se convirtió en un punto de encuentro con artistas de distintas disciplinas: Gabriel visitó estudios de artistas, dialogó con colegas y exploró posibles colaboraciones entre Francia y Guatemala, fortaleciendo redes de trabajo.

La residencia de Gabriel González Guirola se erigió así como un puente entre la investigación personal y la escritura de nuevos guiones e ideas, un espacio donde se crearon nuevas propuestas dentro del cine de autor.

Sobre el artista

  • Guatemala

    Nació en Guatemala en 1987 y vivió allí hasta los 20 años. Sin embargo, la vida tenía otros planes para él. En 2007, decidió embarcarse en una aventura: viajar a Francia para continuar sus estudios universitarios. Su primer paso fue en la Escuela de Bellas Artes de Toulouse, donde pasó un año explorando el arte desde distintas perspectivas. No obstante, pronto descubrió que su verdadera pasión estaba en la arquitectura. Así que ingresó a la Escuela de Arquitectura, especializándose en escenografía para teatro, cine, circo y exposiciones. Desde pequeño, había anhelado expresarse a través del arte y contar historias que conectaran con los demás.

    En un momento clave de su vida, conoció a la compañía franco-guatemalteca Armadillo Nantes, y fue entonces cuando todo dio un giro inesperado. Allí descubrió el mundo de los títeres, y algo en su interior se encendió. Su pasión por este arte creció rápidamente, y decidió que seria su forma de expresión. Cada encuentro y cada experiencia fortalecieron el universo onírico que estaba creando, un mundo lleno de magia y emoción que solo él podía imaginar. Las vivencias en Togo y Ecuador dejaron una huella profunda en su visión, abriéndolo a nuevas perspectivas culturales.

    Hoy, continúa trabajando en el mundo del cine, pero también es músico y escenógrafo. Además, comparte su amor por el cine de animación impartiendo talleres en la Escuela de Cine de Toulouse.