PERCEPCIÓN DE LO QUE NO SOMOS

Katia Miranda

Texto superpuesto en una superficie metálica que refleja luz: 'Percepción de lo que no somos, Katia Miranda (SLV), agosto - septiembre 2024. Casa Guardabarranco'.

Para finales de la década de 1950, surge en Brasil el denominado Manifiesto Neoconcreto de la mano de un grupo de artistas jóvenes, todos ligados al círculo intelectual del crítico y teórico Mario Pedrosa, cuyo interés radicaba en mutar la relación entre la creación artística y el espectador. Lygia Clark, Ferreira Gullar, Lygia Pape, Victor Vasarely y, posteriormente, Hélio Oiticica, transformarían la realidad del artilugio artístico como algo cuyo objetivo final fuera el de la mera admiración. Las obras surgidas bajo esta corriente creativa alteraron por completo la apreciación y el entendimiento de la relación artista-obra-espectador. Surgen los conocidos penetrables de Oiticica; coloridas -en su mayoría- instalaciones de gran formato que se convierten en espacios inmersivos en donde el espectador puede introducirse para funcionar como un elemento activo dentro de la misma pieza y a su vez, dándole vida.

La concepción del espectador como elemento participativo dentro del arte ha ido en constante evolución a través de los años, más allá de las teorías o prácticas conservacionistas que conciben el objeto como algo sacralizado del cual el observador debe guardar distancia -física e intelectual , y es desde esta concepción que se desarrolla la práctica investigativa y artística de Katia Miranda (El Salvador, 1961), quién continuamente indaga en las facultades compositivas del mylar, un material de alta reflectividad y con características propicias para el aislamiento térmico. Útil para aplicaciones tan variadas como aislamiento de componentes eléctricos hasta frazadas térmicas para senderismo, mismas que también son utilizadas por personas dentro de los movimientos migrantes para protegerse de las inclemencias del clima.

Para percepción de lo que no somos, Miranda utiliza este material para crear una experiencia inmersiva multisensorial dentro del laboratorio creativo de Casa Guardabarranco; invitando al espectador a encontrarse “dentro del material” en un ejercicio de autoconocimiento en medio de una cultura avasallada por la hiperrealidad. Cómo nos percibimos y como nos presentamos ante nuestros pares es producto de la interacción con nuestro entorno y con lo que este nos plantea. Nos presentamos como una forma abstracta de nuestra propia existencia, distorsionando el lenguaje visual para acomodarlo dentro de parámetros de vanidad y simulación en una sociedad de excesivo consumo.

Tomando como referencia visual los ya mencionados penetrables de Oiticica, pero despojando la estructura de color y de rigidez y reemplazándola por la pulcritud del destello, Miranda le da la posibilidad al visitante de convertirse en parte de la obra, desintegrándose en reflejos tan imperfectos como nuestra comprensión de lo real y lo ficticio; construyendo nuevas posibilidades de alteridad en donde el sujeto pierde la voluntad de presentarse a sí mismo tal cuál es.

Andrés Cordón

Fotografías: Hola Tressesenta

Sobre la artista