DÍAS HONDOS
José Wolff
Curaduría: Christina Chirouze Montenegro
Epidemias, guerras, contaminación y frivolidad irrumpen sigilosamente en nuestros hogares, sin tocar el timbre. Cada persona detiene en la palma de su mano toda la información que desee - o no - en un incesante brotar de imágenes en movimiento. El hiperrealismo de la IA nos ha llevado a dudar hasta de la realidad misma, en un bombardeo inagotable y agotador; que convive con nosotros, en secreto, y paralelamente a lo que vivimos IRL.
Pero, ¿qué es, ahora, realidad?
El mundo en el que creció José Wolff era otro. En los años 1980, ver televisión en familia prolongaba un ritual fundamental de las manadas humanas: reunirse alrededor del fuego para contar historias y comentar el mundo. Eran también años de discurso unívoco y de narrativa controlada, en que Nintendo irrumpió en los hogares y se democratizó el uso de las computadoras; los rollos fotográficos fueron reemplazados por imágenes digitales; y las voluminosas videocámaras por aparatos que hoy caben en un bolsillo. Un mundo en que Internet vino a revolucionar nuestras relaciones con el mundo - y fragmentarnos en el corazón de nuestros hogares.
Como joven artista, Wolff acompañó esta evolución con entusiasmo. Las metrópolis estadounidenses de inicios de los 2000 eran un terreno de experimentación casi infinito: con referentes como Laurie Anderson o Nam June Paik, y contratos con multinacionales del ocio, José vio sus ideas más locas hacerse realidad. Sus animaciones 3D creadas en Miami o L.A. llegaban a los hogares de EEUU y América latina, a través de las mismas pantallas que marcaron las tardes de su infancia. Sin embargo, como pintor y dibujante, siempre mantuvo una distancia crítica. Para él, lo digital nace del diálogo con el dibujo, la pintura, y el cine en 16 mm. De allí su juego con la anacronía: interconectar lo hipertecnológico con lo tangible, recordar que detrás de toda imagen hay un ojo, un alma y una mano.
Hoy, dos décadas después, José Wolff nos recuerda que ante el ansiógeno ritmo de las imágenes, podemos aún contraponer nuestros cuerpos, animales y sensibles, que siguen viviendo en otra temporalidad. Atravesados por todo lo que les imponemos, ellos sienten, duelen, vibran, laten: “nos dan señales”. Así son sus personajes: mirando pantallas en un gesto automático, como receptáculos de una mala señal que distorsiona su propia carne hasta volverla un único “ruido” televisivo de estética vintage. Frente a ello, aparecen formas y colores suaves que nos recuerdan lo que es la belleza, en su simple perfección, como la han cantado los poetas desde la antigüedad.
Pensamos esta exposición como un trayecto íntimo donde José Wolff guía nuestros pasos. Al inicio, está la atormentadora lucidez o la anestesia emocional; luego bajamos acompañados por el dibujo: persistente, terapéutico; hasta un retorno simbólico al vientre: allí donde los sentidos despiertan como en la primera conciencia del mundo. “Cuando todo va mal, no hay nada como cerrar los ojos y evocar con intensidad algo bello”, decía André Maurois. Esto nos invita a hacer José Wolff: cerrar los ojos, refrescar los sentidos, para evocar, desde nuestra profunda intimidad, la belleza. Porque la imagen más real, no es la que llega a nosotros a través de una pantalla individual, sino la que seguimos imaginando, dulce resistencia, desde nuestros cuerpos.
Christina Chirouze Montenegro
Fotografías: Kevin Frank
Música: Karin Azurdia
Sobre el artista
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Guatemala
Es un artista multidisciplinario que comenzó, sin intención alguna, a formar parte del imaginario colectivo con el trabajo audiovisual que hizo para el canal de culto Locomotion y MTV Latino a finales de la década de los noventas y principio de los dosmiles, cuando la televisión fue central para formar el imaginario colectivo popular. Así sedimentó el estilo de su trabajo en la imagen y el concepto detrás de su práctica artística.
Ha producido videoclips para agrupaciones que incluyen a Miranda!, Plastilina Mosh, Gaby Moreno, MNDSGN, Julia Holter, Nite Jewel y Nicholas Krgovich. En 2020 produjo visuales para el concierto de Sara Curruchich en el icónico Zócalo (CDMX). En 2015 hizo un cortometraje sobre el maestro Joaquín Orellana, y en 2025 colaboró en un audiovisual con Mabe Fratti inspirado en la obra del mismo.
Su obra pasa de las pantallas de comunicación masiva a los muros de las galerías. Sin embargo, la obra y sus preocupaciones se reflejan constantemente desde el principio de su carrera y se conservan con el paso del tiempo en lo que continúa produciendo.
Ha participado en exposiciones individuales y colectivas en espacios que incluyen el Centro Cultural Municipal, Centro Cultural de España, Galería Extra, La Erre, Juannio, Proyecto Poporopo, Sótano-1, Galería Rebelde, y satis.Factory (Costa Rica). Tiene obra digital que forma parte de la colección permanente del museo Arte Al Límite, en Valparaiso, Chile.
Su práctica abarca desde lo tradicional como tinta sobre papel y óleo sobre lienzo, hasta el video, fotografía, arte digital e instalación. José intenta re-dimensionar la percepción material de problemáticas contemporáneas, así como lugares y paisajes, e invita al espectador a sumergirse en lo sensorial a través de lo imaginativo que evoca de nuestra propia memoria y experiencias.
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Guatemala
Vive y trabaja entre París y Ciudad de Guatemala.
Tras una licenciatura en Gestión cultural en La Sorbona III, estudia un Máster en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Salamanca, España. Su tesis Romper los tabús a través del arte: el caso de Guatemala en el post-conflicto (1996-2011) fue publicada en Francia por las ediciones L’Harmattan (París, 2013).
Su experiencia profesional incluye instituciones como el Centre Pompidou y el Instituto Cultural de México de París. Escribe regularmente para medios de arte, como Art Nexus. Desde La Caféothèque y La Caféothèque Reid Hall (Campus de Columbia University), diseñó una programación cultural para la latitud tropical, aunando café, artes y países cafeteros. Desde 2005, ha curado alrededor de 100 exposiciones en esos espacios entre las cuales, recientemente Aguas Vivas (Manuel Chavajay y Alfredo Ceibal), Susurros de Granos (Verónica Riedel) y Tenderly will I use you, curling grass (Marie-Noëlle Fontan). El libro Caféologie, histoires et sensations que co-escribió con su madre Gloria Montenegro (ediciones Gründ, París, 2017), ha sido vendido a más de 2,000 ejemplares y traducido al checo y al mandarín.
Como curadora independiente, ha sido invitada por instituciones como la Maison de l’Amérique latine de París (exposiciones Mimesis de Marlov Barrios, y Linderos, David Solís), la Ciudad de Limoges: así, organiza “Blanco & Fuego”, el festival de porcelana y cerámica en Ciudad de Guatemala (Museo Ixchel, Casa MIMA y Alianza Francesa, en colaboración con la Escuela Nacional de Artes Plásticas), o el Museo AMA, Washington (exposición de Rodolfo Oviedo-Vega, 2024)
Desde 2020, es curadora-asociada al Centro de las Artes Rodolfo Abularach (Guatemala Ciudad), colaboró en el catálogo de la exposición retrospectiva del Museo de Arte Moderno (2021) y curó la exposición inaugural del Centro de las Artes Resplandor (julio 2024).
En 2023, realiza una residencia artística en Casa Guardabarranco: Alquimia - que será la piedra angular para un proyecto en la casa de su familia materna, ubicada en el barrio de Jocotenango, en la vecindad de la zona 2, Guatemala Cd.
En 2022 lanza oficialmente MAZORCA, plataforma-puente entre la escena artística de Centroamérica y Europa, cuyo primer proyecto es una beca para artistas guatemaltecos en la residencia Cité Internationale des Arts (París), con un acompañamiento curatorial personalizado. En 2025, se llevó a cabo la 3a edición con Sandra Monterroso. Para el año en curso se está lanzando una nueva versión, con dimensión centroamericana, y siempre en la Cité des Arts - París.
Christina Chirouze Montenegro es miembro del CEA (Asociación de Curadores en Francia) y de AICA (Asociación Internacional de Críticos de Arte).

